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¿De verdad me están ayudando?


Este apartado tiene como pie el brevemente desarrollado por el periodista Ramón Colombo en el periódico el Caribe, titulado «Acostumbrados a lo “dao”».

Observo que el dominicano es muy dado a que le den las cosas, a lo gratis, lo regalado y, al igual que el señor Colombo, cuestiono esta tendencia a la comodidad que no busca ganarse las cosas ni trabajar por lo que se quiere, ya forma parte de nuestra ideología y desde mi punto de vista simplemente crea atraso.

El artículo objeto de este ensayo cuestiona la causa de la bondad con que amablemente y de forma gratuita los comedores económicos suplirán los servicios alimenticios en el comedor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Yo la verdad no veo que cambiaría el saber por qué se realiza esta “ayuda”, aunque sí me parece interesante lo que se agrega después, el autor asegura que, por lo poco que se paga en la universidad, que representarían 10 o 5 pesos más.

Dado que conozco ciertas circunstancias de las que viven los estudiantes de dicha casa de estudio, sé que para muchos el simple hecho de conseguir el pasaje representa una preocupación y un sacrificio, conseguir el dinero para los materiales que requieren las diferentes asignaturas también complica sobremanera la situación económica de algunos, así que, tomando en cuenta estas y otras situaciones, esa ayuda resulta sumamente significativa.

A partir de esta reflexión inicié una investigación sobre los planes de ayuda y programas sociales, me llamó la atención saber que son planteados como la solución a la pobreza y la inclusión laboral, pero ¿no coartamos al niño y lo hacemos más inútil cuando le damos todo y no le permitimos desarrollar las capacidades necesarias para desarrollarse? ¿No pasa lo mismo con la sociedad en general que es, a la larga, el niño que todos formamos y que se va desarrollando de acuerdo a lo que ve y aprende del entorno? ¿No puede considerarse esta como una de las razones que promueven la estrechez y la mantienen?

Parafraseando a Samuelson y Nordhaus en su libro "Economía aplicada a Latinoamérica" los gobiernos son conscientes de lo insostenibles que resultan, a largo plazo, los programas de ayuda social y deben buscar incentivos para que la gente trabaje y ahorre. En el momento en que los planes de ayuda suplen durante largas temporadas, las personas dejan de buscar trabajo y se acomodan al "subsidio" que cubre las necesidades básicas, convirtiéndose en cargas para el estado y anulándose como entes productivos, ya sea intelectual o materialmente, lo que representa una doble perdida.  

Pero resultaría irresponsable presentar solo un lado de la opinión pública respecto a este tema, Máximo Jaramillo en su artículo «"Acostumbrados a vivir del Estado": mitos en la construcción social del (in) merecimiento de programas sociales» agrega que la construcción social del merecimiento de los programas sociales está basada en estigmas que popularizan la visión parasitaria de quien recibe la ayuda y en la desinformación. 

De reconocer tales sesgos, y deconstruir estas narrativas, depende el exigir más fuertemente la ejecución de políticas sociales que verdaderamente partan de un enfoque de derechos, y permitan a los beneficiarios (y al resto de la población) a reconocerse como iguales ante el resto de los ciudadanos. Si queremos que los “programas sociales realmente funcionen”, debemos comenzar por erradicar los mitos sobre sus beneficiarios.    

Entonces ¿está mal que nos acostumbremos a lo “dao” cuando resulta una ayuda necesaria?


María Alejandra Alcántara M.

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