Las decisiones que toma un hombre dicen más de él que su formación académica, sus amistades y lo que él mismo afirme de sí. La palabra consumada es la línea clarificadora de mayor relevancia y trascendencia cuando de la esencia del ser se habla.
Todo
cuanto decimos puede reducirse a palabras huecas, lo que otros digan de
nosotros habla más de ellos y la manera que nos perciben que de nosotros como
tal y, qué decir de cuando hablamos de nosotros mismos, se peca tanto de falsa modestia
y sobreestima que no es un testimonio de fiar. Pero las obras hablan por sí
solas y lo que pasa es lo que hay… en el caso de Mijaíl Gorbachov fue su
proceder y decisiones los que le ganaron el vocativo de “el hombre que cambió
el mundo”.
En
palabras de Marisol Vicens Bello:
Gorbachov fue una de las figuras más relevantes del
siglo XX y con sus reformas, tanto la estructural “perestroika” que buscaba
abrir su economía al mercado, como la que propugnaba por mayor transparencia en
el opaco régimen soviético “glásnot”, cambió la percepción de su país
esforzándose por dar un rostro humano, por promover una cultura de diálogo y
acercamiento que hizo habitual que tanto él como su esposa Raisa visitaran los
centros de poder del mundo,
Gorbachov y Putin son dos caras opuestas de una misma
tierra, mientras el primero siendo presidente de la URSS se negó a utilizar al
ejército para preservar el Estado-Imperio que se desmoronaba, y prefirió
renunciar antes que provocar una mortífera guerra civil, el segundo ha hecho de
esta y el autoritarismo las herramientas principales de su cuestionado
liderazgo, que en aras de perpetuarse en el poder ha socavado los avances en su
país, y ha impuesto una cultura antidemocrática y desconocedora de derechos.
Las páginas de la historia le han dado el sitial
que merece por haber intentado hacer más democrático y abierto su país, dejando
ser libres a quienes lucharon por serlo sin propiciar baños de sangre
oponiéndose a la fuerza a estos sueños, y tarde o temprano juzgarán debidamente
a quienes no han entendido que por más poder terrenal que acumulen este es
efímero, y lo único eterno es el juicio de la historia.
Tras
este análisis no hay mucho que agregar, quizás, y puede parecer que sobra, una
mirada introspectiva hacia el tipo de persona en que nos estamos convirtiendo y
si algún día lograremos pasar a la historia con acciones de naturaleza política,
altruistas, pacíficas y humanas que el tiempo premiará.
María Alejandra Alcántara M.
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