Todos los años son cientos de dominicanos, que atraídos por el sueño americano, se aventuran a cruzar los 128 km que separan la República Dominicana de la isla de Puerto Rico, a través del canal de la mona. Arriesgando sus vidas en una travesía que en muchos de los casos termina en tragedia debido a la frágil embarcación que estos usan.
Armados con salva vidas, pan, y salami, decenas de personas zarpan hacia un destino incierto, destino al que unos llegan, pero otros quedan en el camino. Tristemente, no es una estadística que los persuada de volverlo a intentar, pues prefieren eso que permanecer en un país que no les ofrece nada.
Me voy en yola, es la tan conocida expresión que simboliza muerte o cambio de vida. Es el precio que muchos pagan por la desafortunada vida que les toco vivir o por la ambición que muchos cargan. Lo cierto es que este viaje llena de luto y desesperación a muchas familias dominicanas cada año. Uno de los factores que más influye para que la frágil embarcación sosobre, es la cantidad de personas a bordo y es que en ocasiones triplica la cantidad de pasajeros. Cada año son cientos los naufragios, por lo que la marina de guerra dominicana y la guardia costera estadounidense están siempre alertas para tratar de rescatar la mayor cantidad de sobre vivientes. Lamentablemente, no siempre es así, por lo que cada año se eleva la cifras de dominicanos que mueren ahogados en busca del sueño americano. Atentos para interceptar los viajes antes de que partan, están los oficiales de la División de Inteligencia Naval (M-2) de la Armada de la República Dominicana, logrando frustrar varios viajes apresando a la gran cantidad de personas que se delatan al instante. Nuestro país no ofrece las oportunidades de vida que debería, y es por ello que muchos deciden arriesgar sus vidas en busca de un mejor futuro. Los ideales de quienes lucharon para que esta patria fuera libre e independiente, fueron arrojados al piso y yacen hoy por debajo de la doble moral y la desvergüenza de quienes han gobernado nuestro país por décadas.
Por: BELKIS SOTO.


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